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trabajo, productividad, general

La forma más peligrosa de perder el tiempo

Como ya comenté en mi blog anterior, acabo de regresar de vacaciones. Una de las cosas que realmente aprecié, fue el saber que estaba bien relajarse y no tener que preocuparse del trabajo. Yo, como muchos de vosotros, tengo un trabajo que nunca termina. Siempre hay un artículo más que escribir, un informe que leer, un sitio web que actualizar, un libro, comenzado, que terminar...

El caso es que con todas estas tareas pendientes, a menudo tengo la sensación de que cuando me siento a leer una novela, o a ver un poco la tele, estoy perdiendo el tiempo. Pienso internamente en la cantidad de tareas sin terminar y me siento culpable de no hacer nada.

Sin embargo, cuando practico el "dolce farniente", al menos soy consciente de que me estoy relajando y no trabajando. Pero hay aún una actividad mucho peor, más dañina para la productividad y para retrasar nuestros proyectos: la pérdida de tiempo en el trabajo. Pretender que trabajamos sin conseguir resultados.
Los ejemplos más obvios (y de los que soy tan culpable o más que cualquiera de vosotros) so el sentarse delante del ordenador, pensando en lo productiva que será la jornada, solo para encontrarse ocho horas más tarde sin haber conseguido avanzar en ninguno de los proyectos o tareas que con tanto ahínco pensábamos atacar.

Google (o Bing), blogs de gadgets o entretenidos, noticias, Twitter, Facebook (¿qué están haciendo nuestros amigos?), email, chatear, alguna llamada de teléfono, un nuevo programa de software que tenemos que probar... en fin, ya sabéis cómo funciona. O mejor, cómo no funciona porque me ha sucedido en muchas ocasiones que al final de la jornada me doy cuenta de que no he conseguido nada, o debería decir, nada más que perder el tiempo.

Al menos cuando unos relajamos conscientemente, sabemos lo que hacemos: descansar, disfrutar, vagar, llamadlo como queráis. El problema es cuando nos engañamos a nosotros mismos pensando que estamos trabajando cuando en realidad solo estamos perdiendo el tiempo, y a menudo, ni siquiera disfrutamos en el proceso.
Esos días en los que pierdo el tiempo haciendo como que trabajo, me voy a la cama con una sensación de vacío, de no haber conseguido avanzar en mis proyectos, y no me gusta nada.

Es mejor cortar por lo sano. Decidir qué horas cada día dedicaremos a ser productivos: a avanzar en nuestros objetivos diarios y a consumar tareas pendientes y qué horas dedicaremos al ocio: a disfrutar leyendo acerca de un nuevo aparatito electrónico en Gizmodo.com o simplemente abrir una buena novela y perdernos en sus páginas.

Pero no mezclemos ambos. No funciona.

Feliz día,
Jose L Riesco
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