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Eres el Presidente de tu propia empresa…

Preguntas para un nuevo emprendedor

El otro día algunas cosas interesantes salieron a la luz alrededor de una taza de café. Una buena idea, sólida financiación, numerosas opciones... Sin embargo hay preguntas que nunca se plantearon; por ejemplo:
 
¿Eres consciente de cuánto dinero necesitas para mantener el negocio? Pongamos el ejemplo de un pez nadando en un riachuelo. A dicho pez no le importa si el agua tiene diez centímetros de profundidad o diez metros; siempre y cuando el agua nunca llegue a cero de profundidad, el pez puede seguir nadando. ¿Y tú?, ¿Cuál es tu punto cero? ¿Qué haces para asegurarte de que puedes seguir nadando?

¿Intentas crear beneficio o capital? Un negocio que crea una marca, un legado, un estándar y una audiencia puede llegar a valer millones (por ejemplo Tumblr, que tiene un valor de millones pero sus beneficios son cero). Por otra parte, un negocio sin valor de venta puede generar muchísimo beneficio (por ejemplo una clínica dental). Sería ideal si pudieras maximizar simultáneamente ambos el valor de tu empresa y los beneficios que produce (a corto plazo), pero esto es muy difícil.

¿Cuál es tu papel, tu visión? Quieres ser un
freelancer, un emprendedor o la dueña de un negocio? El dueño de un negocio es el jefe, pero todavía es un trabajo, un lugar estable y con beneficios. Un emprendedor es una especie de artista, arrojándose con valor a situaciones imposibles y buscando problemas que requieren agallas y corazón para poder resolverlos. Ambos están bien, pero tienes que elegir.
¿Estás intentado crear un equipo? Algunos dueños de negocios quieren minimizar costes y problemas. Otros quieren crear una cultura, entrenar, conectar y liderar.
¿Cuánto riesgo puedes soportar? Hay riesgo financiero, emocional y de marca (entre otros tipos). ¿Estás dispuesto a poner tus apuestas en la mesa cada día? ¿Y tu reputación personal?

Y finalmente la pregunta más importante: ¿Por qué? ¿Por qué estás haciendo todo esto?

Publicado por Seth Godin el 29 de octubre de 2011 |
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La jornada laboral

factory-during-the-industrial-revolutionEl concepto de la jornada laboral de 8 horas es un concepto relativamente nuevo (se inició con la Revolución Industrial a finales del siglo XIX para poder hacer 3 turnos al día en industrias que necesitaban producir 24 horas) y a la vez fuertemente enraizado en la sociedad; aún cuando la mayor parte de los trabajadores de la información actuales no necesitan aplicar las viejas reglas laborales.

Piénsalo por un momento; antes de la creación de factorías y empresas, la gente no utilizaba una jornada laboral predeterminada. Los granjeros trabajaban lo necesario para recolectar las cosechas y atender a los animales. Los artesanos producían sus bienes utilizando el tiempo necesario para obtener productos de calidad que se pudieran vender a más altos precios, etc.

Si un herrero tenía un encargo de 4 herraduras para un caballo, el herrero no trabajaba 8 horas al día y después descansaba, sino que trabajaba lo necesario para terminar en el plazo predeterminado las herraduras de forma que su cliente pudiera recogerlas en la fecha convenida. En otras palabras, tenía un objetivo que cumplir (= entregar las herraduras) en un plazo determinado (= tres días). Cuándo comenzara o terminara la jornada era asunto suyo. Nadie le miraba por encima del hombro a ver si comenzaba a trabajar temprano por la mañana o se echaba una siesta a media tarde en los días de calor.

Lo gracioso es que la Revolución Industrial rompió el ciclo natural de la productividad humana. El hecho de que los trabajadores tengan que llegar a una hora predeterminada a su puesto de trabajo, trabajar (o hacer que trabajan) durante 8 horas y tener días contados de vacaciones, etc. es una herencia del siglo anterior que no tiene ningún tipo de justificación lógica.

Los trabajadores de la información son más como los artesanos de antaño. Tienen que cumplir unos objetivos predeterminados (= creación de un producto) en un plazo convenido (= fecha de entrega). Cómo consigan este objetivo no es asunto de nadie. Es una responsabilidad personal. Nadie debería de estar supervisándolos y ver a qué hora entran y a qué hora salen. Puestos a pensar, la mayoría de los trabajadores de la información pueden trabajar desde sus casas o desde la playa si existe una conexión a internet. Las empresas se podrían ahorrar un montón de dinero si no necesitasen crear oficinas y los trabajadores se ahorrarían tiempo y dinero yendo y viniendo del trabajo todos los días.

¿Por qué entonces las empresas se empeñan en alquilar o comprar edificios y construir oficinas? ¿Por qué los trabajadores tienen que entrar a las 8 y salir a las 5? ¿Por qué se les paga en función de un horario en lugar de pagarles en función de sus resultados laborales?

La respuesta está en que la sociedad de la información ha heredado las normas y hábitos de la revolución industrial... y pocos se lo cuestionan.

Afortunadamente más y más compañías se están dando cuenta de que las viejas normas ya no se aplican y comienzan a abandonar conceptos obsoletos como jornada laboral, días contados de vacaciones, interminables e inútiles reuniones y politiqueos de pasillo y en lugar comienzan a dar libertad a los trabajadores para que trabajen dónde y cuando quieran. Si entregan a tiempo su trabajo y este tiene buena calidad, el trabajador será mejor pagado. Si no, se buscará otro que lo haga mejor. Es así de simple.

Y esto funciona también al revés. Si eres bueno en tu trabajo, estarás en alta demanda y podrás permitirte trabajar para empresas y asociaciones que te aprecien y te den libertad y mejor remuneración económica y social.

Feliz día,

Jose L Riesco
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